Amereida La invención de un mar, Valparaíso

De Amereida
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Lanzamiento Amereida, La invención de un mar. 25 julio 2019, Centex, Plaza Sotomayor 233, Valparaíso.
El Jueves 25 de Julio a las 19:00hrs se realizará el lanzamiento del libro Amereida, la invención de un mar editado por Javier Correa y Victoria Jolly, publicado por la casa editorial Polígrafa, que contará con la presentación de Pedro Donoso y María Teresa Johansson. En el Centro de extensión del Ministerio de las Culturas, Las Artes y el Patrimonio en Valparaíso.
Participantes: Sebastián de Larraechea, Javier Correa, Victoria Jolly

Nota leida en la presentación libro ‘Amereida, la invención de un mar’

Tal vez, como esta línea que recoge el paso diario del tren frente a la Ciudad Abierta y que ahora llega hasta las imágenes que tenemos a la vista, habría que decir que lo que aquí necesita ser puesto brevemente en palabras -después de poco más de cinco años en que hemos en distintas formas intentado recorrer, primero a través de una exposición, luego una película y ahora en un libro-, es el hueco -desde que comenzamos hasta ahora-, que se abre entre la leyenda y la historia de ‘la Amereida’.

Al inicio, se trataba para nosotros de una leyenda que recibíamos a través de una tradición que se apoyaba no solo en un discurso, sino también en una práctica cotidiana, es decir, asimilable y en la cual era posible reconocernos, de modo que la leyenda era parte de una identidad compartida. A diferencia del acto poético que guarda y se consume en lo intransmisible, concentrándose en un lugar y tiempo específico, una tradición comienza en el momento en que una voz, un acto, un texto, exilian de sí la posibilidad de seguir escribiéndose, cuando agotan su potencia de ser escritos -o realizados- y pueden ya ser transmitidos. Así se nos presentaba ‘la Amereida’, un viaje legendario que había tenido lugar y tiempo y que entonces solo podía existir en su rememoración; en la nostalgia de lo ya cumplido. Refiriéndose a los textos y su herencia, el filósofo Emmanuele Coccia, sugiere que ante esta situación de exterioridad de la tradición frente al acto creativo, quien se apresta a volver sobre éste para mantenerlo, lo puede hacer, aunque solo dejando los ropajes del poeta para volverse copista. Quien en cambio quiera comprenderlo y restituirle la vida no podrá seguir siendo su autor, solo su comentarista, aunque sí, podrá invertir la letra incomprensible hacia lo que todavía tiene por decir.

¿Qué quería decir esto para nosotros si tomábamos esta proposición?

Primeramente, que la tradición, al ser vivida como transmisión y nostalgia, nos impedía volvernos sobre este hecho para ‘despertar en nosotros la cantidad de desconocido necesaria para que se volviera presente’; a costa de dejar de ser sus autores. La nostalgia, en ese sentido, alimenta la tradición –y nos mantiene como autores-, pero nos dificulta encontrarnos con otro espacio, como dice François Fédier ‘anticipar ese otro espacio’ que el acto, la travesía, en su mero acontecer hace posible.

Sin embargo, alguien podría preguntar si este libro, la película y la exposición, no son también eslabones de un esfuerzo por mantener una tradición. Refiriéndose a la publicación, dos años después de la travesía, del poema de Amereida, el mismo Fédier señala que ‘la travesía no se hizo para hacer el libro, sino que el libro se hizo para alargar la huella’; como si se tratara de un acontecimiento que no había dejado de ocurrir y que entonces solo mutaba su forma y continuaba enunciándose, creándose; evitando volverse tradición. De manera similar, la ambición nuestra ha sido esa, no obstante ello, hemos debido recorrer el espacio de la tradición y la nostalgia para llegar, acaso, al presente, que no es sino un segmento de la Historia.

¿No es esto tal vez una forma de alejarse de la leyenda y quedar ante los hechos, no para repetirlos sino para hacer posible que ellos ocurran de una forma que está adelante o todavía pendiente?

Así podríamos resumir esta inmersión que hemos realizado en un origen para volver a colocarnos en el presente. Pero para ello, hemos tenido también que irnos deshaciendo, no sin melancolía, de la tradición. Al distanciarnos de ella, una primera mutación actuó sobre los hechos. Éstos, aparecían en un principio como enormes operaciones o alteraciones completas; mientras que ahora parecían volver a retomar esa esperanza inicial que Michel Deguy nos señalaba hace un tiempo ‘¿cómo desde lo mínimo puede surgir un máximo, un óptimo?’ Se trata entonces de comprender los hechos que este libro expone como, lo cito a el: ‘pequeñas transformaciones decisivas, como la levadura o el grano de mostaza’.

En este punto, conviene preguntarse si ese mínimo en el que la travesía de Amereida insistió en llevar adelante, y en el que nosotros hemos también persistido, no limita quizás con la posibilidad de no ser, con el naufragio. Pero ¿no es que toda poética lleva consigo el germen de aquello? ¿No tiene incluida la posibilidad de no llegar a hacerse? Ante esta paradoja de la poiesis, los hechos no logran aferrarse como si vinieran instituidos de una condición externa e inalterable y fundar entonces, como dirá Fédier, ya no es fundar, sino apenas ‘avanzar en el presente la posibilidad de una cosa que no es todavía posible’.

Puede ser, finalmente, que de este modo hayamos atravesado estos cinco años para intentar “haciendo” quedar nuevamente ante un desconocido.