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		<title>Amereida - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<title>Visitas</title>
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				<updated>2026-07-30T19:07:32Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: /* Aporte */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;__NOTOC__&lt;br /&gt;
= Visitas a la Ciudad Abierta =&lt;br /&gt;
[[Archivo:Dia-de-san-francisco.jpg|class=rounded]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Ciudad Abierta es una construcción que lleva a cabo una vinculación entre los oficios y la palabra poética de [[Amereida]]. Ella quiere reunir en un espacio destinado para esto: vida, trabajo y estudio. En este sentido no es un museo, sino una extensión abierta a la destinación antes dicha y de este modo quiere cuidar la vida pública e íntima de quienes la fundan. Por lo que a través del tiempo ha llegado a una forma de recepción acorde con nuestro modo de acoger en la hospitalidad, abierta por la palabra poética. De manera que el acto de recibir sea un aporte tanto para quien ejerce de anfitrión como para el visitante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así sus miembros se han dispuesto a recibir a huéspedes y visitas los días '''miércoles de cada semana, con excepción de los días feriados y de vacaciones'''. La recepción es en un recorrido por parte de sus [[Obras|obras]] y [[Lugar|terreno]] con uno de sus miembros en un grupo acotado de no mas de 20 personas lo que permite un diálogo directo, en el intento de lograr el ejercicio de la hospitalidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdjSSkNxV_Co0I7X166rDmkuR7LY-ZLLMe6OxynTmgU7fjVOA/viewform Solicitud de Visitas] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Agendamiento===&lt;br /&gt;
Las visitas a Ciudad Abierta se realizan los días miércoles de 11 a 13 o de 15 a 17 horas.&lt;br /&gt;
Deben ser solicitadas a través de este único formulario con 10 días de anticipación para coordinar ser recibidos y acompañados por un anfitrión(a). Cada visita debe ser autorizada por el Directorio vigente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdjSSkNxV_Co0I7X166rDmkuR7LY-ZLLMe6OxynTmgU7fjVOA/viewform?usp=dialog'''Agenda tu visita aquí''']&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Aporte===&lt;br /&gt;
Una vez autorizada para confirmar la visita se deberá realizar un aporte por persona, el cual es utilizado exclusivamente para los cuidados y mantención de los terrenos de Ciudad Abierta, por ser una institución sin fines de lucro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Estudiantes'''&lt;br /&gt;
# Chilenos: $7.000&lt;br /&gt;
# Extranjeros: $10.000&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adultos'''&lt;br /&gt;
# Chilenos: $15.000&lt;br /&gt;
# Extranjero: $20.000&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cupo máximo:''' 20 personas.&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Datos para la Transferencia''' &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Nombre Titular:''' Corporación Cultural Amereida &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''Rut:''' 74.546.500-5 &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''Cta.Cte:''' Banco Santander, N° 07-08122-7 &amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''Correo de confirmación:''' secretario.directorio@amereida.cl &amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''* Extranjeros con Código SWIFT:''' BSCHCLRM&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Durante su visita ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# El recorrido tiene una '''duración de 2 horas''' y se realiza por la parte alta y parte baja de los terrenos. &lt;br /&gt;
# El interior de las hospederías no son parte del recorrido, esto para cuidar la intimidad de la vida de los habitantes.&lt;br /&gt;
# Si usted produce basura durante la visita le solicitamos que se la lleve.&lt;br /&gt;
# La visita solo se suspenderá si el día amanece con lluvia.&lt;br /&gt;
# Recomendamos traer una botella con agua, gorro y protección solar.&lt;br /&gt;
# No se aceptan mascotas.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Manuel Sanfuentes</name></author>	</entry>

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		<id>http://amereida.cl/index.php?title=Biblioteca&amp;diff=1767</id>
		<title>Biblioteca</title>
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				<updated>2023-05-17T17:17:27Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: /* Colección Godofredo Iommi */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La Biblioteca de Amereida nace desde los primeros años de la Ciudad Abierta al amparo de los poetas Carlos Covarrubias e Ignacio Balcells en cuyas hospederías se ha dado la lectura y la hospitalidad en torno a textos poéticos; en ella se ha conservado material original de la Ciudad Abierta y Amereida, escritos y notas de sus propios miembros, así como publicaciones de otros que tocan nuestro ámbito.&lt;br /&gt;
Se han definido tres colecciones diferentes que guardan los siguientes contenidos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Catálogo General==&lt;br /&gt;
==Fondo Amereida==&lt;br /&gt;
===Colección Godofredo Iommi===&lt;br /&gt;
{{#ask:[[Categoría:Documento]][[Autor::Godofredo Iommi]]&lt;br /&gt;
|? Autor&lt;br /&gt;
|? Fecha&lt;br /&gt;
|? Colección&lt;br /&gt;
| format=ol&lt;br /&gt;
| sort=Fecha&lt;br /&gt;
| order=ascending&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Colección Escuela===&lt;br /&gt;
{{#ask:[[Categoría:Documento]][[Autor::Escuela de Arquitectura UCV]]&lt;br /&gt;
|? Autor&lt;br /&gt;
|? Fecha&lt;br /&gt;
|? Colección&lt;br /&gt;
| format=ol&lt;br /&gt;
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}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Colección Ciudad Abierta===&lt;br /&gt;
{{#ask:[[Categoría:Documento]][[Autor::Ciudad Abierta]]&lt;br /&gt;
|? Autor&lt;br /&gt;
|? Fecha&lt;br /&gt;
|? Colección&lt;br /&gt;
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}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fondo Mauricio Amster==&lt;/div&gt;</summary>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: /* Colección Godofredo Iommi */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La Biblioteca de Amereida nace desde los primeros años de la Ciudad Abierta al amparo de los poetas Carlos Covarrubias e Ignacio Balcells en cuyas hospederías se ha dado la lectura y la hospitalidad en torno a textos poéticos; en ella se ha conservado material original de la Ciudad Abierta y Amereida, escritos y notas de sus propios miembros, así como publicaciones de otros que tocan nuestro ámbito.&lt;br /&gt;
Se han definido tres colecciones diferentes que guardan los siguientes contenidos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Catálogo General==&lt;br /&gt;
==Fondo Amereida==&lt;br /&gt;
===Colección Godofredo Iommi===&lt;br /&gt;
{{#ask:[[Categoría:Documento]][[Autor:Godofredo Iommi]]&lt;br /&gt;
|? Autor&lt;br /&gt;
|? Fecha&lt;br /&gt;
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}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Colección Escuela===&lt;br /&gt;
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==Fondo Mauricio Amster==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Manuel Sanfuentes</name></author>	</entry>

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		<id>http://amereida.cl/index.php?title=Huidobro&amp;diff=1765</id>
		<title>Huidobro</title>
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				<updated>2023-05-17T17:03:49Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Documento&lt;br /&gt;
|Título=Huidobro&lt;br /&gt;
|Imagen=Huidobro web 23.jpg&lt;br /&gt;
|Autor=Godofredo Iommi&lt;br /&gt;
|Tipo de Documento=Ensayo&lt;br /&gt;
|Edición=Hombre y Universo, Revista de Relación Cultural Estudiantil de la Universidad Católica de Chile&lt;br /&gt;
|Ciudad=Santiago&lt;br /&gt;
|Fecha=1982&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
Huidobro tenía el grito fácil. ¿No hay una cierta sensualidad en dejarse acunar por los impulsos? Como una veleta por los vientos. Le gustaba contradecir con o sin ingenio. Ese juego tenía dos caras. El poeta tenía-tiene un pie, el más firme, fuera de la opinión y de los saberes. Era incogible. Libre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además el placer del juego (secreto último de la poesía). A veces comenzaba para entretener a su hijo Wladi. De allí a poco todo se enardecía como el póquer. Terminaba el juego en agudo enojo. Huidobro más enojado que Wladi.&lt;br /&gt;
Enseguida se olvidaba todo y todos estábamos dispuestos a recomenzar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los meses que vivimos juntos jugamos todos sin cesar. Para un cumpleaños en Cartagena contratamos la banda municipal, la escondimos entre los árboles y vestidos de reina, príncipes y pajes entre marchas, gritos guerreros y vino lo coronamos poeta nórdico anti-súrdico y súrdico anti-nórdico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O bien decidíamos almorzar como si fuésemos invitados del jefe mameluco, de Hamlet, del Roi Ubu. A veces nos volvíamos chiquititos –el hombre chiquitito– y había que pasar horas andando, hablando, escribiendo de cuclillas. Y tantas otras cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos amigos lo consideraban avaro. Entre otras porque tan interesado como estaba en el arte moderno y disponiendo de medios nunca editó una buena revista. ¿Lo era? Lo acompañamos a comprar muebles a un remate, muebles baratos que después mostraba como heredados y antiguos. O a la Vega para comprar un congrio unos pesos de menos, aunque debíamos regresar en tranvía –una hora de viaje– a la casa con el pescado colgando. Y más. Sin embargo, con otras cinco personas fuimos sus huéspedes durante cinco meses. Para ayudar a Jaime Valle Inclán, a quien quería mucho, le compraba cuadros por interpósitas personas para que Jaime no se sintiera agradecido. Y más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Huidobro abrió su biblioteca a los jóvenes. No hubiéramos podido conocer entonces, sin él, a Raymond Russel y otros autores más confidenciales aún. Alentó a muchos. Pero de todos distinguió y estimó más a Eduardo Anguita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es éste mi parecer, sino su confidencia. No le gustó –y compartíamos esos gustos– nunca lo que hacía Neruda, de Rokha, la Mistral, se mantenía fiel a un rumbo trazado por el duende de la modernidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inventó algo, una forma de imagen (además la llevó al transcurso, al relato, en “Altazor” y “Temblor de cielo”. Ladró como destellos engarzados en una historia en El Cid, Sátiro, las Novelas ejemplares, el diálogo de ''En la luna'' y ''Gilles de Rais''. La ciñó en ''El ciudadano del olvido'' y ''Ver y palpar'' (no había editor en Chile para esos libros. Los editó como derecho de autor por la publicación del Cid. Todos guardaron silencio. Los ejemplares los apilábamos en el sótano). Fue el poeta de lengua castellana más interesante de la mitad del siglo, como Valle Inclán y Bergamín en la prosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La disputa con Reverdy no cuenta. Reverdy inventó otra cosa, un nuevo modo de correlato poético. Y Ashbery, el poeta neoyorquino, lo sabe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos le debemos la herida de la modernidad. Y es bueno estar en ella y ahondar la herida. ''“Il faut être absolument moderne”''.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Manuel Sanfuentes</name></author>	</entry>

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		<id>http://amereida.cl/index.php?title=Huidobro&amp;diff=1764</id>
		<title>Huidobro</title>
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				<updated>2023-05-17T17:03:22Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Documento&lt;br /&gt;
|Título=Huidobro&lt;br /&gt;
|Imagen=Huidobro web 23.jpg&lt;br /&gt;
|Autor=Godofredo Iommi&lt;br /&gt;
|Tipo de Documento=Ensayo&lt;br /&gt;
|Edición=Hombre y Universo, Revista de Relación Cultural Estudiantil de la Universidad Católica de Chile&lt;br /&gt;
|Ciudad=Santiago&lt;br /&gt;
|Fecha=1982&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
Huidobro tenía el grito fácil. ¿No hay una cierta sensualidad en dejarse acunar por los impulsos? Como una veleta por los vientos. Le gustaba contradecir con o sin ingenio. Ese juego tenía dos caras. El poeta tenía-tiene un pie, el más firme, fuera de la opinión y de los saberes. Era incogible. Libre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además el placer del juego (secreto último de la poesía). A veces comenzaba para entretener a su hijo Wladi. De allí a poco todo se enardecía como el póquer. Terminaba el juego en agudo enojo. Huidobro más enojado que Wladi.&lt;br /&gt;
Enseguida se olvidaba todo y todos estábamos dispuestos a recomenzar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los meses que vivimos juntos jugamos todos sin cesar. Para un cumpleaños en Cartagena contratamos la banda municipal, la escondimos entre los árboles y vestidos de reina, príncipes y pajes entre marchas, gritos guerreros y vino lo coronamos poeta nórdico anti-súrdico y súrdico anti-nórdico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O bien decidíamos almorzar como si fuésemos invitados del jefe mameluco, de Hamlet, del Roi Ubu. A veces nos volvíamos chiquititos –el hombre chiquitito– y había que pasar horas andando, hablando, escribiendo de cuclillas. Y tantas otras cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos amigos lo consideraban avaro. Entre otras porque tan interesado como estaba en el arte moderno y disponiendo de medios nunca editó una buena revista. ¿Lo era? Lo acompañamos a comprar muebles a un remate, muebles baratos que después mostraba como heredados y antiguos. O a la Vega para comprar un congrio unos pesos de menos, aunque debíamos regresar en tranvía –una hora de viaje– a la casa con el pescado colgando. Y más. Sin embargo, con otras cinco personas fuimos sus huéspedes durante cinco meses. Para ayudar a Jaime Valle Inclán, a quien quería mucho, le compraba cuadros por interpósitas personas para que Jaime no se sintiera agradecido. Y más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Huidobro abrió su biblioteca a los jóvenes. No hubiéramos podido conocer entonces, sin él, a Raymond Russel y otros autores más confidenciales aún. Alentó a muchos. Pero de todos distinguió y estimó más a Eduardo Anguita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es éste mi parecer, sino su confidencia. No le gustó –y compartíamos esos gustos– nunca lo que hacía Neruda, de Rokha, la Mistral, se mantenía fiel a un rumbo trazado por el duende de la modernidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inventó algo, una forma de imagen (además la llevó al transcurso, al relato, en “Altazor” y “Temblor de cielo”. Ladró como destellos engarzados en una historia en El Cid, Sátiro, las Novelas ejemplares, el diálogo de ''En la luna'' y ''Gilles de Rais''. La ciñó en ''El ciudadano del olvido'' y ''Ver y palpar'' (no había editor en Chile para esos libros. Los editó como derecho de autor por la publicación del Cid. Todos guardaron silencio. Los ejemplares los apilábamos en el sótano). Fue el poeta de lengua castellana más interesante de la mitad del siglo, como Valle Inclán y Bergamín en la prosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La disputa con Reverdy no cuenta. Reverdy inventó otra cosa, un nuevo modo de correlato poético. Y Ashbery, el poeta neoyorquino, lo sabe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos le debemos la herida de la modernidad. Y es bueno estar en ella y ahondar la herida. “Il faut être absolument moderne”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Manuel Sanfuentes</name></author>	</entry>

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				<updated>2023-05-17T17:02:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Documento&lt;br /&gt;
|Título=Huidobro&lt;br /&gt;
|Imagen=Huidobro web 23.jpg&lt;br /&gt;
|Autor=Godofredo Iommi&lt;br /&gt;
|Tipo de Documento=Ensayo&lt;br /&gt;
|Edición=Hombre y Universo, Revista de Relación Cultural Estudiantil de la Universidad Católica de Chile&lt;br /&gt;
|Ciudad=Santiago&lt;br /&gt;
|Fecha=1982&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
Huidobro tenía el grito fácil. ¿No hay una cierta sensualidad en dejarse acunar por los impulsos? Como una veleta por los vientos. Le gustaba contradecir con o sin ingenio. Ese juego tenía dos caras. El poeta tenía-tiene un pie, el más firme, fuera de la opinión y de los saberes.&lt;br /&gt;
Era incogible. Libre.&lt;br /&gt;
Además el placer del juego (secreto último de la poesía). A veces comenzaba para entretener a su hijo Wladi. De allí a poco todo se enardecía como el poquer. Terminaba el juego en agudo enojo. Huidobro más enojado que Wladi.&lt;br /&gt;
Enseguida se olvidaba todo y todos estábamos dispuestos a recomenzar.&lt;br /&gt;
En los meses que vivimos juntos jugamos todos sin cesar. Para un cumpleaños en Cartagena contratamos la banda municipal, la escondimos entre los árboles y vestidos de reina, príncipes y pajes entre marchas, gritos guerreros y vino lo coronamos poeta nórdico anti-súrdico y súrdico anti-nórdico.&lt;br /&gt;
O bien decidíamos almorzar como si fuésemos invitados del jefe mameluco, de Hamlet, del Roi Ubu. A veces nos volvíamos chiquititos –el hombre chiquitito– y había que pasar horas andando, hablando, escribiendo de cuclillas.&lt;br /&gt;
Y tantas otras cosas.&lt;br /&gt;
Algunos amigos lo consideraban avaro. Entre otras porque tan interesado como estaba en el arte moderno y disponiendo de medios nunca editó una buena revista. ¿Lo era? Lo acompañamos a comprar muebles a un remate, muebles baratos que después mostraba como heredados y antiguos. O a la Vega para comprar un congrio unos pesos de menos, aunque debíamos regresar en tranvía –una hora de viaje– a la casa con el pescado colgando. Y más. Sin embargo, con otras cinco personas fuimos sus huéspedes durante cinco meses. Para ayudar a Jaime Valle Inclán, a quien quería mucho, le compraba cuadros por interpósitas personas para que Jaime no se sintiera agradecido. Y más.&lt;br /&gt;
Huidobro abrió su biblioteca a los jóvenes. No hubiéramos podido conocer entonces, sin él, a Raymond Russel y otros autores más confidenciales aún. Alentó a muchos. Pero de todos distinguió y estimó más a Eduardo Anguita.&lt;br /&gt;
No es éste mi parecer, sino su confidencia. No le gustó –y compartíamos esos gustos– nunca lo que hacía Neruda, de Rokha, la Mistral, se mantenía fiel a un rumbo trazado por el duende de la modernidad.&lt;br /&gt;
Inventó algo, una forma de imagen (además la llevó al transcurso, al relato, en “Altazor” y “Temblor de cielo”. Ladró como destellos engarzados en una historia en El Cid, Sátiro, las Novelas ejemplares, el diálogo de ''En la luna'' y ''Gilles de Rais''. La ciñó en ''El ciudadano del olvido'' y ''Ver y palpar'' (no había editor en Chile para esos libros. Los editó como derecho de autor por la publicación del Cid. Todos guardaron silencio. Los ejemplares los apilábamos en el sótano). Fue el poeta de lengua castellana más interesante de la mitad del siglo, como Valle Inclán y Bergamín en la prosa.&lt;br /&gt;
La disputa con Reverdy no cuenta. Reverdy inventó otra cosa, un nuevo modo de correlato poético. Y Ashbery, el poeta neoyorquino, lo sabe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos le debemos la herida de la modernidad. Y es bueno estar en ella y ahondar la herida. “Il faut être absolument moderne”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Manuel Sanfuentes</name></author>	</entry>

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		<title>Huidobro</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Manuel Sanfuentes: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Documento&lt;br /&gt;
|Título=Huidobro&lt;br /&gt;
|Imagen=Huidobro web 23.jpg&lt;br /&gt;
|Autor=Godofredo Iommi&lt;br /&gt;
|Tipo de Documento=Ensayo&lt;br /&gt;
|Edición=Hombre y Universo, Revista de Relación Cultural Estudiantil de la Universidad Católica de Chile&lt;br /&gt;
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|Fecha=1982&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
Huidobro tenía el grito fácil. ¿No hay una cierta sensualidad en dejarse acunar por los impulsos? Como una veleta por los vientos. Le gustaba contradecir con o sin ingenio. Ese juego tenía dos caras. El poeta tenía-tiene un pie, el más firme, fuera de la opinión y de los saberes.&lt;br /&gt;
Era incogible. Libre.&lt;br /&gt;
Además el placer del juego (secreto último de la poesía). A veces comenzaba para entretener a su hijo Wladi. De allí a poco todo se enardecía como el poquer. Terminaba el juego en agudo enojo. Huidobro más enojado que Wladi.&lt;br /&gt;
Enseguida se olvidaba todo y todos estábamos dispuestos a recomenzar.&lt;br /&gt;
En los meses que vivimos juntos jugamos todos sin cesar. Para un cumpleaños en Cartagena contratamos la banda municipal, la escondimos entre los árboles y vestidos de reina, príncipes y pajes entre marchas, gritos guerreros y vino lo coronamos poeta nórdico anti-súrdico y súrdico anti-nórdico.&lt;br /&gt;
O bien decidíamos almorzar como si fuésemos invitados del jefe mameluco, de Hamlet, del Roi Ubu. A veces nos volvíamos chiquititos –el hombre chiquitito– y había que pasar horas andando, hablando, escribiendo de cuclillas.&lt;br /&gt;
Y tantas otras cosas.&lt;br /&gt;
Algunos amigos lo consideraban avaro. Entre otras porque tan interesado como estaba en el arte moderno y disponiendo de medios nunca editó una buena revista. ¿Lo era? Lo acompañamos a comprar muebles a un remate, muebles baratos que después mostraba como heredados y antiguos. O a la Vega para comprar un congrio unos pesos de menos, aunque debíamos regresar en tranvía –una hora de viaje– a la casa con el pescado colgando. Y más. Sin embargo, con otras cinco personas fuimos sus huéspedes durante cinco meses. Para ayudar a Jaime Valle Inclán, a quien quería mucho, le compraba cuadros por interpósitas personas para que Jaime no se sintiera agradecido. Y más.&lt;br /&gt;
Huidobro abrió su biblioteca a los jóvenes. No hubiéramos podido conocer entonces, sin él, a Raymond Russel y otros autores más confidenciales aún. Alentó a muchos. Pero de todos distinguió y estimó más a Eduardo Anguita.&lt;br /&gt;
No es éste mi parecer, sino su confidencia. No le gustó –y compartíamos esos gustos– nunca lo que hacía Neruda, de Rokha, la Mistral, se mantenía fiel a un rumbo trazado por el duende de la modernidad.&lt;br /&gt;
Inventó algo, una forma de imagen (además la llevó al transcurso, al relato, en “Altazor” y “Temblor de cielo”. Ladró como destellos engarzados en una historia en El Cid, Sátiro, las Novelas ejemplares, el diálogo de '''En la luna''' y ''Gilles de Rais''. La ciñó en El ciudadano del olvido y Ver y palpar (No había editor en Chile para esos libros. Los editó como derecho de autor por la publicación del Cid. Todos guardaron silencio. Los ejemplares los apilábamos en el sótano). Fue el poeta de lengua castellana más interesante de la mitad del siglo, como Valle Inclán y Bergamín en la prosa.&lt;br /&gt;
La disputa con Reverdy no cuenta. Reverdy inventó otra cosa, un nuevo modo de correlato poético. Y Ashbery, el poeta neoyorquino, lo sabe.&lt;br /&gt;
Todos le debemos la herida de la modernidad. Y es bueno estar en ella y ahondar la herida. “Il faut être absolument moderne”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Manuel Sanfuentes</name></author>	</entry>

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